
Existe un tópico, muy extendido que muestra a nuestro País como un paraíso gastronómico, de mariscos, abundantes y baratos, fresquísimos pescados y, en general, materias primas de una calidad absoluta, hasta llegar a decir que la nuestra es una cocina muy elemental, hervidos, planchas y poco más, para no enmascarar los sabores de tan extraordinarias materias primas. Evidentemente este tópico tiene su parte de verdad, aunque seria simplificar demasiado una gastronomía, la gallega, que es el fruto de una gran diversidad geográfica y de siglos de historia en la que han pasado diferentes culturas, aportando cada una de ellas sus particularidades.
Así, se han ido incorporando productos foráneos, como el arroz, la patata, el maiz, o el pimentón y se han vivido épocas de escasez extrema de alimentos, obligando a millones de gallegos a dejar su tierras para buscar un futuro mejor.
Fruto de nuestra historia nos encontramos la cocina de la abundancia, de las casas señoriales, de los pazos y de los monasterios, de la que surgen platos en los que lo importante es la vianda, los mariscos cocidos, las grandes piezas de carnes asadas o los dulces a base de almendras o chocolate, ingredientes de lujo en otras épocas.
Pero nos encontramos también con la cocina de la escasez, de donde salen los potes mariñeiros, las caldeiradas, los arroces caldosos, las sopas o los guisos, recetas que permitían sacar provecho de los caparazones de las aves, de los huesos con poca carne o de moluscos que por aquel entonces no tenían la categoría de marisco, para satisfacer la necesidad de alimentarse. Surgen de ahí también los dulces más modestos, las torradas de vino, la leche frita, las chulas de calabaza, las filloas,…
Además, tradicionalmente la cocina popular gallega siempre ha sido un acto social, sobre la que giraban todas las festividades, que solían estar marcadas por el ritmo agrario, la recolección, las podas, las mallas, la matanza del cerdo, …, o por las fiestas patronales, que solían desarrollarse en verano, o la navidad, el carnaval, … Así nos encontramos con que la nochebuena, sobre todo en la zona del litoral se celebraba con una buena posta de bacalao hervido con patatas y coliflor y aderezado con una buena ajada, tenemos que el invierno es la temporada del cocido, y en el entroido llega el momento del lacón con grelos, por San Juan no pueden faltar las sardinas, mejor frescas y saladas en la parrilla, asadas en sarmientos de vid y acompañadas de una rebanada de pan de millo. Por el San Martiño y durante los días que dura la matanza se cocinan los higados del cerdo encebollados, los riñones, los filetes de lomo frescos, y se preparan los rexons y la zorza. Otros platos que no pueden faltar en ninguna celebración son la empanada y el pulpo á feira.


